¿$300 Dólares por Noche? Sí, pero Libre de Forraje

28/09/2009

Por Kim Severson, The New York Times, 25 Agosto, 2009.  Traducido por Ana María Quispe de Vía Orgánica

Permítanme comenzar diciendo que si Usted desea lanzar fardos de forraje en la parte trasera de una van, ésta no es la mejor opción. Ese es el tipo de cosas que uno aprende cuando la familia está de vacaciones en una granja. Por supuesto, hay quienes podrían pensar que lanzar fardos de forraje es una manera estúpida de pasar unas vacaciones, especialmente vacaciones donde las habitaciones cuestan $ 332 dólares la noche incluyendo impuestos y huevos frescos.

También puede pensar que fui un tonto de pagarle al agricultor $ 35 dólares adicionales por “cosechar” las remolachas y las zanahorias que más tarde se venden en un mercado de agricultores. Pero esto tiene algo de la calidad descriptiva de las historias de Tom Sawyer. Y creo que adquirí un poco de educación en el proceso. Además de una espectacular col rizada toscana, algunos tallos tiernos de hinojo y unas cuantas calabazas de cuellos torcidos.

En un mundo donde los pequeños agricultores deben diversificar sus campos para mantenerse a flote y donde los habitantes de la ciudad están más desesperados que nunca por aprender de dónde vienen sus alimentos, una “forrajación” por el precio de una habitación de hotel lujosa en Manhattan, no parece ser una idea tan descabellada. A mi familia le atrajo una tienda de campaña con pisos de lujo, un inodoro cisterna y agua, que en el sitio web parece más grande que un apartamento para un adolescente en el noreste de Manhattan.

No soy ajeno a este tipo de cosas. Mi madre creció en una granja lechera de Wisconsin. Y alguna vez era tan fortachón que incursionaba por días a través de las llanuras de Alaska. Pero me he vuelto flojo por el vivir en la ciudad, y mi pareja me hace hincapié regularmente que en su pueblo no se acampa. Pero por otro lado, tenemos un niño que nunca ha visto un pollo vivo y yo estaba ansioso por salirme de la ciudad y comer hortalizas aun calientes por el sol. ¿Y qué si tengo que trabajar? ¿Qué tan difícil puede ser la estancia en una granja de $ 300 dólares la noche? Esto es lo que esencialmente nos preguntábamos al decidir pasar un fin de semana largo en la granja Stony Creek localizada en el condado de Delaware, Nueva York. Está ubicada en los Catskills y es tan rocosa que la mayoría de los lugareños describen el territorio como con “dos piedras en cada grano de tierra”.

Dormir y comer en una granja es una manera común de vacacionar en Europa, donde los vínculos con la agricultura son fuertes y los hoteles son pocos. En Estados Unidos es raro pero no desconocido y la granja de Stony Creek es una nueva manera de obtener forraje en el cabello. Llamémoslo granja estancia 2.0.

Los propietarios son a menudo jóvenes, recién convertidos a la agricultura, con unas pocas hectáreas y convicciones muy arraigadas: los animales deben ser criados con pastos, las hortalizas deben ser cultivadas sin productos químicos, y en Estados Unidos se necesita una re-educación en alimentos. Se especializan en personas que buscan una conexión con los alimentos que va más allá de una simple visita a los mercados de agricultores locales. Sus clientes, como yo, quieren llevar estiércol en sus vans.

“Cuando empezamos, nos preguntábamos, ¿Por qué alguien querría visitar una granja?”, dijo Kevin McNaught, un chef de Boston que compró con su pareja la granja Trevin en Vermont hace seis años. “Hemos quedado gratamente sorprendidos de que hay un montón de gente que quiere saber cómo luce un repollito de Bruselas cuando está creciendo y que personalmente desea ordeñar la leche de una cabra.

Ellos cobran hasta $ 500 dólares por un paquete de dos días de producción de queso que se inicia con el ordeñado de cabras y el colgado del queso. Los huéspedes seleccionan las verduras para que los propietarios las cocinen para la cena. Desayunos con huevos de las gallinas están incluidos.

Este nuevo negocio de estancia en granjas rinde dinero. Durante tres años, Scottie Jones ha estado subsidiando su cría de carneros y pavos con el alquiler de su cabaña en su granja Leaping Lamb localizada a más o menos dos horas de Portland, Oregon, EEUU. Por $ 125 dólares la noche los visitantes pueden alimentar a los animales, llevar pasto y, aprenden la regla básica de la agricultura: las puertas cerradas permanecen cerradas y las puertas abiertas permanecen abiertas. Ahora hace siete veces más de lo que gana en su negocio de carne, más obtiene un poco de mano de obra sin costo. “Aun aquellas personas que se sientan en el pórtico a beber un vaso de vino vendrán eventualmente a ayudarme” dijo.

De los 2.2 millones de granjas que operan en los Estados Unidos, alrededor de un 8 a 10 por ciento ofrecen algún tipo de turismo rural, como recolección de manzanas, giras de estudio, una tienda agrícola o permitir a cazadores en sus terrenos. Sólo unos pocos brindan hospedaje dijo Jane Eckert, presidente de Eckert AgriMarketing y creador de un registro nacional de hospedaje en granjas llamado Ruralbounty.com.

Vacacionar en granjas no es un concepto nuevo para los norteamericanos. Los ricos de las ciudades solían visitar los campos desde los 1800s. Conforme los carros y los viajes por carretera se hicieron más comunes también el acampar en granjas. Durante la depresión, los agricultores brindaban servicios adicionales para ganarse unos dólares extra. Pero el hospedaje en granjas empezó a desaparecer cuando los moteles y hostales empezaron a aparecer. A comienzos de 1950, con la cultura interestatal nacieron las vacaciones marcadas por los restaurantes y los moteles con piscinas.

“Para la mayoría de la gente de mi edad, la granja era algo de la que deseábamos alejarnos”, dijo Tom Chesnutt, un especialista en turismo de la Universidad de Auburn, de unos 60 años. Últimamente ha estado tratando de convencer a los agricultores de Alabama para que ofrezcan alojamiento, pero no ha tenido mucha suerte.

En Vermont, Beth Kennett de la granja Liberty Hill, ha sido testigo de la evolución de la estancia en granjas. Ella abrió una “cama y desayuno” en su granja de productos lácteos hace casi 25 años. En la década de 1980 visitar una granja era una novedad. “La gente decía: “Allí hay una vaca, mira un pollo”, dijo. En la década de 1990, los huéspedes empezaron a interesarse cómo era la vida en una granja: “Preguntaban: ¿cuándo la vaca da leche? ¿qué se hace con ella? “Ahora las cosas han cambiado. “Hay preguntas sobre el calentamiento global, la política alimentaria, el uso de la tierra y la administración ambiental”, dijo la Sra. Kennett. “Y no paran”.

Yo no quería debatir acerca de la política alimentaria. Yo sólo quería comer y aprender un poco más sobre la vida en una granja.

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Nuestros anfitriones fueron Kate y Dan Marsiglio, una pareja de unos 30 años con dos hijos pequeños, Lucía e Isaac. Se conocieron cuando hacían la reserva militar en la Universidad de Syracuse y luego fueron profesores de escuelas en Nueva Jersey.

La fiebre agrícola les llegó cuando se mudaron a Rindge NH, para enseñar en la Escuela Meeting, una escuela – internado y granja de los Quaker. Los padres de Dan Marsiglio, de Mahwah Nueva Jersey compraron la granja Stony Creek en 1985. Dan y Kate se casaron en un campo cerca de un riachuelo Contando con abuelos bastante cerca, la decisión de mudarse a la finca de 85 acres fue muy fácil.

Empezaron a practicar lo que ellos llaman agricultura de “asiento de pantalones”. Criaban ovejas, gallinas, cerdos Tamworth y, eventualmente ganado Galloway. Se las ingeniaron para sembrar vegetales en las colinas y zonas rocosas. Ellos venden carne y verduras a los vecinos, a un mercado de agricultores, e incluso al programa local de alimentación de envejecientes.

Pero pronto se dieron cuenta que financieramente no les iba a dar resultados. Un armiño decapitó docenas de pollos y un zorro les mató los pavos. Y el mercado de los agricultores es tan pequeño que es mucha suerte si hacen $ 100 dólares un domingo.

Y tal vez tanto como sembrar, deseaban enseñar a la gente acerca de alternativas agrícolas. Así que este año firmaron un acuerdo con las granjas Feather Down, una cadena de granjas de estancia europeas.

Un holandés llamado Luite Moraal creó esta compañía de granjas de lujo para hospedaje en el 2003. Cada finca tiene tiendas de campaña con suelos de madera y estufas de leña para la calefacción y para cocinar. Las camas son cómodas, la luz proviene de lámparas de aceite y velas y la cocina está completamente equipada.

Feather Down se hizo popular en los Países Bajos y luego en el Reino Unido. La granja de la familia Marsiglio es una de las tres primeras granjas de Estados Unidos que se han inscrito. Para el próximo año, habrá más de 20, dijo el gerente de Feather Down de los Estados Unidos, Paula Disbrowe, una escritora en alimentos con sede en Austin, Texas.

Las tiendas de campaña fueron enviadas a Stony Creek Farm desde los Países Bajos, junto con dos técnicos para ayudar a instalarlos. Los agricultores no tienen que pagar nada. Todo está incluido, hasta las fotografías enmarcadas de los animales de granja y el moledor manual de café que decora la carpa.

La empresa requirió que los Marsiglios proporcionaran agua y desagüe para las tiendas de campaña y construyeran una ducha de agua caliente. La pareja también tuvo que construir un recinto para que los huéspedes puedan mimar a los pequeños animales de la granja y dispongan de huevos. Se amplió la tienda de la granja, de manera que no tengamos necesidad de comprar nada.

Un horno para pizza fue la última de las comodidades requeridas. Todos los sábados, cada agricultor de Feather Down ofrece a los huéspedes hacer su propia pizza por $ 15 dólares por persona. Utilizamos finas rodajas de tomate verde de las 60 plantas que cosechamos a tiempo para evitar una plaga.

A cambio de las tiendas de campaña y reservaciones, Feather Down se queda con alrededor de 65 a 75 por ciento de lo que los huéspedes pagan. Los cargos extra, como el paquete de jardinería que compré, va al bolsillo de los agricultores. “Usted se está hospedando en su granja y podría quedarse en la tienda de campaña, pero si quieres hacer algo más con ellos, Ud. tiene que pagarles por su tiempo”, dijo la Sra. Disbrowe.

La Sra. Marsiglio fue la que indujo a firmar, a pesar de la preocupación de algunos de sus amigos y vecinos. “Yo crecí aquí y creo que es una locura”, dijo Annie Avery, una amiga cercana que compra pollos y productos de la granja. “Pero si la gente quiere venir a hospedarse en esta granja y pueden darse el lujo de hacerlo, mejor para ellos.

No fue nada fácil para el Sr. Marsiglio. “Mi impresión inicial fue que se trataba de evadir responsabilidades,” dijo. Pero llegó a darse cuenta que ayudaría a su familia y a su causa agrícola. “Estamos pidiendo a la gente poner dinero en nuestras arcas para que podamos mantenernos firmes sobre esta nueva forma de agricultura”.

Eventualmente, esperan ofrecer sesiones de matar a pollos, donde los huéspedes puedan pelarlos y sacarle las menudencias para cena. “Me encanta la evisceración,” dijo la Sra. Marsiglio. “Se ha vuelto una habilidad perdida y estoy muy contenta de poder hacerlo bien”. Pero aun está aprendiendo habilidades de tolerancia. No es fácil tratar con los clientes que suben sudosos la cuesta empinada hasta la tienda quejándose todo el camino que el iFono no funciona.

¡Uf, ese sería yo!

Solo para asegurarnos de una placentera estadía luego de manejar desde Brooklyn, ordené pagar por un servicio “especial” de $ 35 dólares. Este comprendía que entre las tareas la Sra. Marsiglio tenía que encender nuestro horno de leña, hacer las camas, dejar huevos, queso de cabra y verduras para poder hacernos una tortilla para la cena. Como medida adicional, ella añadió un pan concentrado de trigo y algunos bolillos rellenos de calabazas italianas. El único problema que tuvimos fue que nuestra tienda se llenó de humo por una estufa en mal funcionamiento. Tuvimos que coger los huevos y las maletas y trasladarnos a otra tienda. Esa noche dormimos en grande. Hasta las 4 a.m. en que el gallo empezó a cantar.

Al día siguiente, después de mi sesión privada de cosecha de hortalizas en un calor de 80 grados nos fuimos a “turistear” por la granja. Después visitamos la ducha. Ya limpios, regresamos a nuestra tienda de campaña a descansar. ¡Esta vida de campo es agotadora!

Tan luego como el bebé empezaba a dormirse y yo tomaba un libro para leer, escucho a la Sra. Marsiglio gritar: “¡Kim, empezamos con el forraje en una hora!”

La cosecha de forraje, es opcional, gratis, y realmente divertida. Se siente bien hacer un tipo de trabajo que hace que el agua fresca en un jarro sepa a la mejor cosa que alguna vez haya pasado por tu garganta.

Y nadie puede argumentar que los alimentos no tienen mejor sabor cuando apenas se acaban de cosechar, o que no es fabuloso el hecho de ver a tu hijo siguiéndole los pasos a un pollo.

Simplemente lleva zapatos resistentes. Y también tu chequera.

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